Autocontrol

El yo egoista y cómo controló su mente.

El yo egoista y cómo controló su mente.

Encajo la última pieza de ropa en la maleta. Una maleta demasiado grande para el poco tiempo que me quedo, pero siempre acabo llenándola con aparatos electrónicos que luego no utilizaré.

Llego al tren con 15 minutos de antelación, lo necesario para fumarme un último cigarrillo antes de entrar. Una vez dentro del tren observo de reojo la persona que está a mi lado. Ocupa todo el reposabrazos y sus piernas invaden mi espacio. No soporto sentarme al lado de este tipo de personas. Son las típicas que cuando van al cine te ocupan tu asiento, te van rozando con su brazo durante toda la película y encima son de los que hacen ruido mientras mastican. Pero la verdad es que podría haber sido peor. Podría haber olido mal.

Llego puntual, como de costumbre. El aire es mucho más denso que en Barcelona y hace un calor más sofocante. En principio tengo el hotel cerca, así que voy andando tranquilamente por las calles de Madrid.

Llego al hotel y un recepcionista sonriente me saluda y me da la bienvenida. Me gusta el trato que me dan. Parece un sitio agradable.

Una vez he finalizado los trámites subo con mi maleta a la habitación y me estiro un rato. Al despertar tengo un dolor de cabeza terrible. Me tomo un gelocatil y pacientemente espero que se me pase mientras escribo cuatro tonterías en mi cuaderno.

Entonces las paredes se empiezan a deshacer. He pasado demasiadas horas aquí metido y supongo que me empiezo a poner nervioso. El suelo también empieza a descender en forma de espiral. Como si alguien hubiese quitado el tapón y la habitación entera estuviera yéndose por el desagüe.

Al principio logro aguantar el tipo, me mantengo encima de una mesa mientras intento pensar una solución. Cuando la mesa empieza a perder su color, sé que se me está acabando el tiempo.

Noto también como mi pie izquierdo empieza a ser succionado por ese agujero por donde se va mi realidad. Pataleo sin mucho éxito.

Pego un último salto y logro alcanzar las cortinas. Y mientras estoy colgado ahí, sudando, saludando a mi destino, cierro los ojos. Absorbo todo el aire que puedo por la nariz y lo expulso por la boca mientras empiezo a alejar de mi mente cualquier pensamiento.

Salto hacia la nada y me pongo en posición de meditación. Sigo con los ojos cerrados y alejando cualquier pensamiento negativo de mi cabeza. Solo pienso en el aire que absorbo, en forma de pureza y en como cuando lo expulso tiene un color negruzco.

Me estoy empezando a relajar.

De pronto aterrizo, suavemente, sin ningún tipo de ruido sobre una superficie blanda. Abros los ojos lentamente y veo que estoy sentado en la cama tranquilamente.

Me ha sentado bien esta sesión.

Carles Rubio Arias.

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Una Respuesta a Autocontrol

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