Felicidades, tí­o

Supongo que cuando uno pierde una relación siempre intenta buscar un por qué. A veces el porqué no tienes que averiguarlo, sino que él te acaba descubriendo a ti. Generalmente, sino, la otra persona te lo hace ver, ya sea escrita o verbalmente.

Pero existe un caso común pero a la vez especial, extraño. Cuando la otra persona desaparece de tu vida y además de no darte razones, no deja rastro alguno que te permita averiguar el porqué.

¿Por qué? Nunca lo he sabido. Pero es increí­ble la obsesión a la que uno puede llegar cuando no te dan esa pizca de información que haría que las cosas se pudieran aclarar, tanto para bien como para mal. Es ese momento de incertidumbre en el que repasas una y otra vez todas las situaciones en las que dijiste o hiciste algo que pudiera destrozar los cimientos de la relación. Y acabas obsesionándote y diciéndote a ti mismo que no fue por eso, que seguramente fue otra cosa. Y le das vueltas y más vueltas. Y si la otra persona te da la oportunidad de hablar las cosas; se puede llegar a aclarar. Pero seguramente si la persona no quiso darte razones en su momento, no te las dará ahora.

Y cuando convives con ella a diario ya sea por motivos laborales o por proximidad, la historia se retuerce. Él piensa que has hecho cosas que no has hecho y tú acabas pensando que ha hecho cosas que realmente no ha hecho. O sí­ las has hecho pero no con los motivos malvados que él cree. O sí­ las ha hecho pero sin los motivos retorcidos que tu crees. Sino que todo ha ocurrido por casualidad y sobretodo de forma natural, sin preparación.

Y sigues mirándole y pensando qué coño habrás hecho para que deje de hablarte. Piensas que quizá simplemente no le caes bien, tu presencia le desagrada. Pero entonces te das cuenta que si fuera así no verá tus acciones como amenazas ni te criticará a espaldas. Se limitará a ignorarte o a tratarte de forma inadecuada. Descartado el «no tenemos nada en común», nos queda el «¿Por qué?».

Y entonces te pones uno de los pocos boleros de Alejandrito, y cantas con él…

…que alguna vez quisimos compartir
el breve instante que es la vida…

…que hoy yo vivo en las ruinas de un silencio
que va dejándome sin voz
lo que no entiendo…

…¿en qué momento de mi largo caminar
perdimos eso?…

Susurrando, bajito, para que nadie me oiga ni pueda criticarlo. Bajito, pero de verdad, porque cada año lo hago, aunque bajito, a oscuras y en silencio:

Así que yo te digo, y me digo, feliz cumpleaños tío.

Carles.

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